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Paisajes y escenas de caza




















Paisajes y escenas de caza
Si bien Rembrandt se inspiró en la realidad -la observación de la naturaleza domina en sus paisajes-, siempre la interpretó. Los paisajes grabados de Rembrandt tienden esencialmente a sugerir impresiones, las peculiaridades de un instante, la serenidad, el ruido, el silencio, el rumor del viento, el susurro de los follajes, los efectos del tiempo, la humedad, la bruma, el frío, el calor, el frescor de la sombra, todo aquello que no se puede representar concretamente. Bajo su aparente simplicidad, de estas obras se desprende una dimensión metafísica. Rembrandt adapta sus formatos para sugerir amplios panoramas. Para romper con el carácter lineal del aguafuerte, Rembrandt se vale algunas veces de la mordida a la flor de azufre, que evoca la técnica de la aguatinta. Un grano muy leve sugiere la bruma o la densidad grisácea de las nubes.
Las tres estampas de escenas de caza que hizo Rembrandt entre 1629 y 1641, son muy representativas de su manera de trabajar. El artista rompió las barreras entre el dibujo sobre papel y el dibujo sobre la plancha ejecutando, gracias al grabado, múltiples diseños de una extraordinaria agilidad y espontaneidad en los trazos, como se puede ver en La Gran Caza del león.