Rembrandt con la boca abierta
Firmada y fechada en la parte superior izquierda: RHL 1630
Aguafuerte. 81 x 72 mm
3 estados
1er estado
Los bordes de la plancha son irregulares y desiguales. En el segundo estado, la plancha se reducirá hasta no medir más que 73 x 62 mm. Desaparecerá una parte del monograma. En el tercer estado, Rembrandt pulirá los bordes y borrará con el bruñidor la raya diagonal de la esquina superior derecha.
Prueba con un suave efecto de entintado.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
En este retrato y en Rembrandt con la mirada extraviada, Rembrandt aborda el estudio de las figuras de expresión. Deforma ex profeso sus facciones y acomete una serie de experimentos útiles para los temas que tratará posteriormente en las escenas mitológicas o religiosas.
Esta cara, presa de una viva emoción, está deformada por arrugas de contrariedad, por la boca abierta en una mueca para emitir, quizá, un grito de ira, de congoja o de horror. El ojo derecho del retratado no es más que un punto negro. El rostro de Rembrandt resulta aquí menos reconocible, ya que aparece como cualquier semblante bajo la influencia de un golpe psicológico o físico. Tiene la cabeza ligeramente encogida entre los hombros, en la actitud instintiva de quien se protege de una amenaza. La composición y los artificios que emplea el artista se asemejan mucho a los de los autorretratos anteriores: sombra arrojada sobre un fondo neutro, iluminación de una mitad de la cara, vestido sobriamente apuntado.
Ese mismo año, Rembrandt grabó su Mendigo sentado, inspirado sin duda en este aguafuerte. Para dar aún mayor patetismo al rostro del mendigo, el artista le hizo la frente mucho más baja aplastando el cabello contra la cabeza por medio de una cofia. La cara de Jesús en la cruz, una pintura realizada el año siguiente, no deja de recordar estas figuras.
G. L.
 
 
 
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