Rembrandt con sable y gorra con pluma o Autorretrato como oriental
Firmada y fechada en el lateral derecho a partir
del 2º estado: Rembrandt f. 1634
Aguafuerte. 131 x 108 mm
3 estados
1er estado
La plancha medía 197 x 162 mm, y el retrato
llegaba casi hasta las rodillas.
Firmada en el ángulo superior izquierdo:
Rembrandt 1634.
El papel fue teñido después de la estampación. Sólo
se conservan 4 ejemplares.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
Rembrandt es el artista que más veces se ha retratado
disfrazado de maneras muy diversas; en sus pinturas y sus estampas puede
aparecer vestido de guerrero oriental o de mendigo, de gran señor
del Renacimiento o de apóstol, de militar o de artista. Perry Chapman
explica este hecho como la búsqueda y el deseo
de construir y consolidar su personalidad en medio de una situación
social, religiosa, profesional y económica inestable. Se ha cuestionado
que la obra aquí presentada sea un autorretrato de Rembrandt por
la verruga de la mejilla izquierda y la forma diferente de los ojos, pero
tiene otras características que sí lo hacen posible.
Fechado el año de su boda, éste es el primer retrato grabado
en el que Rembrandt aparece ricamente disfrazado. Chapman piensa que quiso
identificarse con los antiguos bátavos, de los que se creían
descendientes los holandeses, tan orgullosos de sus orígenes tras
la independencia del imperio español. Otra opinión es que
probablemente no se quiso retratar como una figura bíblica o histórica,
tan de moda en el momento y, aunque utilizó su cara, no se puede
considerar un auténtico autorretrato. Sin embargo, ese mismo año
pintó a su mujer, Saskia, como Artemisa y al año siguiente
como Judith, aunque después la transformó en Flora en una
composición que, de alguna manera, podría ser la pareja de
esta estampa. Mayor relación tiene con el óleo del Metropolitan
Museum of Art en el que representa a un personaje oriental con la mano
en la cadera pero tocado con un gran turbante, y con la estampa titulada
El persa, ambas de 1632.
Sólo se conservan cuatro ejemplares del primer estado de la plancha,
en el que aparece representado hasta debajo de la cintura. La cabeza está
muy terminada y grabada con exquisito cuidado. No mira de frente, como
en la mayoría de los casos, sino un poco hacia abajo, con una expresión
pensativa. La figura es imponente, majestuosa, y está envuelta en
una gran capa sujeta por una cadena; la gola de una armadura y la espada
le dan un aire guerrero.
La plancha está grabada a base de trazos muy enérgicos, más
o menos profundos para que retengan una mayor o menor cantidad de tinta.
Sobre las líneas que constituyen la base de la composición,
Rembrandt ha superpuesto otras más fuertes con las cuales, gracias
a una segunda mordida del ácido, ha conseguido que la imagen adquiera
mucho relieve; por otra parte, la disposición de los trazos, unos
paralelos pero irregulares, otros que se cruzan en ángulos muy distintos,
siempre dibujados con mucha libertad, producen una viva sensación
de movimiento. La mano izquierda que se apoya en el gran sable aparece
sólo apuntada pero, en general, el retrato está bastante
acabado. Más tarde, el artista decidió cortarlo y darle un
formato ovalado, tal como aparece en las pruebas del segundo y tercer estado.
Oscurece mucho el manto que le cubre los hombros, con lo que enfatiza el
brillo del metal del peto de la armadura y de la cadena. La estampa tiene
la luz y el brillo de los cuadros de Rembrandt de esa misma época.
E. S. P.