Rembrandt y Saskia
Firmada y fechada en la parte superior izquierda: Rembrandt f. 1636
Aguafuerte. 104 x 95 mm
3 estados
2º estado
El primer estado tiene una pequeña línea curva sobre la ceja derecha de Saskia que aquí se ha quitado; en el tercero suprimió una pequeña mancha clara en el lugar que ocuparía la oreja izquierda. Existen estampaciones posteriores a Rembrandt.
BNE, Invent / 29158
En 1634 Rembrandt se casó con Saskia van Uylenburgh, prima de Hendrick van Uylenburgh, un comerciante de cuadros con el que el artista trabajó desde 1631 y en cuya casa se alojó al llegar a Amsterdam. Tuvieron varios hijos pero sólo vivió uno, Titus. Con ella compartió los mejores años de su vida, años de amor, triunfo y prosperidad, y le sirvió de modelo no sólo para sus retratos sino para encarnar a diversos personajes alegóricos en sus lienzos. Al morir Saskia en 1642, Rembrandt vivió maritalmente primero con la niñera de su hijo, Geertje Dircks, y más tarde con Hendrickje Stoffels. Las tres mujeres están presentes en sus cuadros, pero los retratos grabados en los que aparece Saskia son los más bellos.
Ésta es la única estampa en la que podemos ver juntos a Rembrandt y Saskia, con la que ya se había retratado el año anterior en el cuadro El hijo pródigo, en un ambiente y una actitud totalmente diferentes. Lo que en la pintura era una taberna donde un juerguista brinda por la mujer que tiene en las rodillas, en la estampa es el hogar conyugal, en el que el artista, acompañado por su esposa, hace una pausa en el trabajo. Esta plácida imagen se ha interpretado no sólo como un retrato doble, algo habitual en la época, sino como una alegoría al amor en su calidad de fuente que nutre la creatividad artística o, mejor aún, como una representación del matrimonio del artista con su arte. Lo que es evidente es que Rembrandt se representó no como pintor, cuyas herramientas de trabajo son la paleta y los pinceles, sino como dibujante, siguiendo la teoría mantenida por los artistas italianos desde el Renacimiento de que el dibujo era el padre y principio de todas las artes.
A pesar del reducido tamaño de la estampa, son dos buenos retratos, hechos con trazos rápidos y sutiles pero muy seguros; el de la mujer sobre todo, inundado por la luz, es un prodigio de sencillez y profundidad psicológica. Su rostro sereno transmite una gran sensación de paz, mientras que Rembrandt se encara con el espectador, o consigo mismo, a través de un espejo, él más cerca y ella tras la mesa (de ahí los distintos planos y la diferente intensidad del grabado); la pequeña estampa también podría representar a un matrimonio que levanta la cabeza al verse sorprendido por la visita del espectador cuando estaba trabajando apaciblemente en su casa.
Chapman explica la distinta proporción de las dos cabezas, muy evidente a primera vista, sugiriendo que Rembrandt pensaba inicialmente grabar sólo la de Saskia y más tarde decidió añadir su propio retrato, cuyos trazos se superponen a los anteriores. En esta segunda fase empezó grabando su cabeza hasta algo más abajo del cuello de la camisa y el hombro izquierdo, a continuación hizo el brazo que apoya en la mesa y la mano en reposo con el portalápices y, por último, tuvo que encajar las dos figuras con unas correcciones bastante descuidadas en el hombro derecho y bajo la camisa, muy visibles en las pruebas tardías. También son desproporcionados los tamaños del brazo y la mano de primer término con respecto a la cabeza.
Esta estampa ya se relacionó con el dibujo titulado Autorretrato como artista fechado hacia 1635, en el que Rembrandt se representó con la misma camisa asomando por debajo de la bata de trabajo y mirando de frente al espejo o al espectador, pero sin sombrero.
E. S. P.