Adán y Eva
Firmada y fechada en el centro de la parte inferior: Rembrandt f. 1638
Aguafuerte. 162 x 116 mm
2 estados
2º estado
El contorno del promontorio en el que está medio sentado Adán, discontinuo en el primer estado, se ha repasado y acentuado.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
Por su misma estructura, la composición muestra al espectador el papel de los diferentes "actores". Eva, debido a su posición en el centro de la hoja, se impone como el personaje principal. El dragón y el árbol del conocimiento de primer plano, confundidos en un solo bloque, enmarcan a la pareja que aparece a contraluz, lejos del jardín del Edén que se ve al fondo, más abajo, a plena luz del dia. Rembrandt transmite el mensaje esencial y lo completa con los gestos muy explíci-tos de los personajes. El diablo tentador tiene una manzana en las fauces, sujeta por el pedúnculo. Eva ya ha recogido una y se la enseña a Adán, que extiende la mano y la palpa al mismo tiempo que señala el cielo en un ademán de prudencia, de titubeo, evocando la prohibición. Es el instante decisivo, el de la elección de estas dos criaturas salvajes de los albores del mundo. Sus cuerpos, quizá simbólicamente, parecen ser invadidos poco a poco por la oscuridad.
Por el jardín del Edén vaga un único animal, un elefante, símbolo de la virtud cristiana, la templaza y la sabiduría, en contraposición al dragón. Rembrandt había realizado diversos estudios de elefantes hacia 1637. En los siglos XVII y XVIII era inusual encontrar en Europa animales de Asia o de África; ahora bien, una elefanta nacida en Ceilán en 1630 fue paseada a través del continente, donde murió en 1655. Es posible que Rembrandt la dibujara. En un tratado destinado a los pintores que se publicó en 1670, Willem Goerec escribe: "Hay que aprovechar la oportunidad principalmente cuando se trata de leones, tigres, osos, elefantes, camellos y otras bestias extrañas similares, que no se ven frecuentemente pero que a veces se necesitan en las composiciones y que es preciso conocer."
Tenemos también noticia de dos estudios preparatorios de Adán y Eva.
Esta representación, una de las más notorias en la iconografía del pecado original, no siempre fue valorada, y los comentarios de algunos catalogadores resultan desconcertantes. Es cierto que, a menudo en las obras de arte, Adán y Eva habían sido hasta entonces muy idealizados. La célebre estampa de Durero ofrece un ejemplo particularmente significativo, ya que concreta, en unos cuerpos de belleza fascinadora, la culminación de la búsqueda del maestro en torno a las proporciones ideales de la figura humana. En 1751, Gersaint escribe: "Como Rembrandt no pretendía en absoluto trabajar el desnudo, este fragmento es bastante incorrecto, y las cabezas son de lo más desagradable; aun así, lo preside un bonito efecto." Bartsch, Claussin, Wilson y Nagler emitieron el mismo juicio. En el siglo XIX, en 1859, Charles Blanc manifiesta una opinión muy distinta: "No hay ningún grabador, antes al contrario, que no reconozca a un maestro en este trabajo libre de Rembrandt [...]. Qué admirable indicación del Edén es ese paisaje rebosante de sol..."
En 1963, Boon observa: "En sus obras de 1638, Rembrandt vacila algunas veces entre la elaboración minuciosa de los detalles y la fijación rápida de una primera impresión. Su Adán y Eva, basado en Durero, es todavía muy descriptivo." Es difícil entender qué quería decir K. G. Boon, dado que la pareja primitiva representada por Rembrandt era opuesta a la de Durero. Pero tal vez pensaba en Jesús en el limbo, un grabado del maestro alemán donde aparece un dragón en lugar de la serpiente. Rembrandt se inspiró indudablemente en ella para la figura del tentador. Hugo van der Goes había incluido asimismo un dragón en El pecado original. De hecho, fue únicamente después de la falta cuando la serpiente se vio condenada a reptar por el suelo.
G. L.
 
 
 
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