El triunfo de Mardoqueo
1641
Aguafuerte y punta seca. 174 x 214 mm
Estado único
Hay estampaciones del siglo xviii reforzadas con aguatinta para profundizar las sombras, y otras posteriores de Basan.
BNE, Invent / 29173
Como recompensa por haber denunciado una conjura contra el rey Asuero, éste concede al judío Mardoqueo que pasee en triunfo por la ciudad vestido con su traje real y montado en su caballo cuyas riendas hace llevar a Amán, mortal enemigo de los hebreos, que proyectaba su aniquilación. En la parte superior derecha, asomados a un balcón, aparecen Asuero y su esposa, la judía Esther, que salvó a su pueblo de ser exterminado (Esther 6, 10-11).
Rembrandt plantea una abigarrada composición, encuadrada en un grandioso escenario arquitectónico que contrapesa con su simplicidad la parte inferior de la estampa, en la que se amontona una multitud de personajes. El papel protagonista de la arquitectura es evidente, y marca con su ritmo tres franjas cromáticas en sentido vertical que se contraponen a dos planos horizontales. En el superior destaca el rostro sereno de Mardoqueo, cuya figura se recorta contra la luminosidad del fondo donde se apunta la silueta de un templo circular que aparece en varias obras del artista. En el plano inferior, dominado por el personaje de Amán situado de pie en primer término, se arremolinan dos grupos de personas que contemplan el cortejo entre reverentes y asombradas. En la parte superior derecha, Esther y Asuero (identificados a veces con Rembrandt y Saskia) miran el paso de la comitiva asomados al balcón del palacio.
Es ésta una estampa de extraordinaria belleza, en la que Rembrandt ha integrado perfectamente las técnicas del aguafuerte y la punta seca para conseguir un amplio abanico de tonos de claroscuro, que van del blanco brillante del papel a los negros más cálidos. En las pruebas como la aquí expuesta, estampadas con gran cuidado, las modulaciones de la luz que recorren toda la estampa son exquisitas. Unas veces con el cruzado de los trazos más o menos compacto, y otras con la punta seca, el artista logra unos negros muy oscuros para que destaquen sobre otras zonas totalmente blancas, acotadas por unas líneas muy finas con las que dibuja las siluetas de los personajes. Es magistral la utilización de estos contrastes en el grupo formado por Mardoqueo y, sobre todo, Amán.
Rembrandt acentúa el contraste entre el grupo de la izquierda, muy oscuro y con las figuras minuciosamente grabadas, y el de los hombres, mujeres y niños situados a la derecha, cuyas figuras ha contorneado con finísimas líneas dejando en blanco el interior; a pesar de la simplicidad del dibujo, sus caras expresan reverencia, asombro, curiosidad o diversión. No menos expresivas son las cabezas de los dos perros que, con su inteligencia proverbial, ladran furiosamente al perverso Amán.
La parte superior derecha de la estampa está llena de pequeños guiños al espectador. Por ejemplo, en el balcón, la sombra de la cabeza de Esther se proyecta sobre el rostro de Asuero y, a su vez, el sombrero de éste adornado con una pluma produce una sombra en la columna de detrás; se han reforzado los perfiles del tapiz que cubre el balcón para que destaquen más las figuras de la parte baja, y el niño que asoma por detrás, subido a la columna, corta la verticalidad de ésta adentrándose en la forma circular del templo.
White ha estudiado detenidamente la influencia que se advierte en la estampa del cuadro La ronda de noche, que Rembrandt estaba pintando por esas mismas fechas, y también la relación con el grabado del mismo tema de Lucas de Leyden de 1515 y con el cuadro del maestro de Rembrandt, Pieter Lastman, de 1624.
E. S. P.