La Presentación en el templo "a la manera negra"
Ca. 1654
Aguafuerte, punta seca y buril. 210 x 162 mm
Estado único
Prueba muy contrastada.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
La Presentación de Jesús niño al Señor, prescrita por la ley mosaica, se celebra en el templo. Rembrandt dedicó al tema tres estampas muy diferentes. Ésta, la última, es la más fascinante por su singularidad. En esta ocasión sólo se han reunido los personajes esenciales en un edificio sumido en tinieblas, evocado mediante bóvedas y columnas. La claridad que penetra a través de las cortinas entreabiertas de una ventana situada al fondo confiere al conjunto una cierta profundidad. El ambiente sosegado, bíblico, de las escenas precedentes ha dado paso al misterio. Obra visionaria y surrealista, animada por unos violentos contrastes de sombra compacta y luz cegadora, esta composición piramidal se centra alrededor de una figura fantástica, el guardián del templo que, revestido de unos fastuosos ropajes destellantes en la oscuridad, tocado con una regia mitra, blande extendiendo la capa un espectacular báculo de orfebrería.
En primer plano, el sumo sacerdote, con manto de brocado y rutilante orifrés, está sentado en un estrado; arrodillado ante él, el anciano Simeón, un "hombre justo y temeroso de Dios", con su rostro de ojos cerrados iluminado por una intensa luz y aureolado, sostiene en los brazos a Jesús, que lleva también la aureola. Ha recibido la revelación del Espíritu Santo: el salvador al que esperaba y que debía ver antes del tránsito es este niño. La esperanza de su venida lo ha mantenido vivo hasta ese momento. "Ahora dejas ir a tu siervo, Señor, según tu palabra, en paz." (Lucas 2, 22-38) José y María están también arrodillados a la izquierda, en penumbra. Ana, una profetisa de edad avanzada que sirve a Dios día y noche en el templo con el ayuno y la plegaria, acaba de tener a su vez una revelación. Apenas se la distingue en el lateral derecho, gracias a unas luces surgidas entre los trazos.
En lugar de atenerse a la iconografía habitual y representar un altar, o el sacrificio de Abraham, o incluso una sábana blanca como prefiguración del sudario, Rembrandt ha elegido el estilo barroco, el énfasis, la iluminación artificiosa para evocar por medio de lo sobrenatural la nueva alianza de Dios con su pueblo, que sellará posteriormente el sacrificio de Jesús en la cruz.
G. L.
 
 
 
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