Jesús y los doctores
Firmada y fechada en la parte inferior izquierda: Rembrandt f. 1652 (las dos últimas cifras apenas identificables)
Aguafuerte y punta seca. 126 x 214 mm
3 estados
1er estado
En el segundo estado aparecen unas marcas en la parte superior y en el lado derecho. El tercero está retocado con manera negra, quizás por mano de Bataille.
BNE, Invent / 29218
"El Niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él. Sus padres iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando era ya de doce años, al subir sus padres según el rito festivo y volverse ellos, acabados los días, el Niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo echasen de ver. Pensando que estaba en la caravana, anduvieron camino de un día. Buscáronle parientes y conocidos y al no hallarle, se volvieron a Jerusalén en busca suya. Al cabo de tres días le hallaron en el templo sentado entre los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Cuantos le oían quedaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas."
(Lucas 2, 40-47)

En 1652, Rembrandt graba tres estampas de formato apaisado en las que la experimentación con la luz y el acabado del dibujo sobre la plancha le lleva a unos resultados totalmente diferentes. En "La Petite Tombe" combina los blancos brillantes muy contrastados con negros muy densos, y los trazos paralelos muy controlados y bastante espaciados con los entrecruzados muy prietos. En La Adoración de los pastores ensaya con todos los medios que proporciona el arte del grabado y de la estampación para conseguir una estampa casi mágica, en la que las figuras se adivinan en la oscuridad del establo iluminadas por distintas fuentes de luz y los trazos, finísimos, forman una masa compacta que cubre toda la superficie del papel. En ésta de Jesús y los doctores prácticamente no hay sombras, casi toda la escena está inundada de luz y las figuras, la mayoría tan sólo silueteadas, parecen más propias de un apunte de dibujo que de un grabado. Como dice White, cada plancha plantea sus propios problemas y también las soluciones. Es probable que Rembrandt pensara en un principio seguir trabajando la plancha pero, al ver cómo había quedado la prueba en este estado, decidió dejarla así.
La composición está planteada a tres niveles, marcados por los escalones apenas indicados que se adentran en escorzo hacia el fondo de la estancia, dividida en dos partes por una gran pilastra central. El sombrero muy alto y silueteado con punta seca de un anciano y una ligera mancha en el asiento que hay debajo acentúan esta centralidad y dirigen la vista del espectador hacia la derecha, donde Jesús, de pie sin subir el último escalón, está hablando a los doctores con un gesto de las manos –vueltas hacia abajo– parecido al que tenía la figura protagonista de José relatando sus sueños. Según algunos autores, Rembrandt tomó como modelo del personaje de Jesús a su hijo Titus. Para crear el espacio, esta vez no ha utilizado el recurso de situar un personaje a contraluz en primer plano que, con su masa oscura, haga cobrar mayor importancia a la escena principal que se desarrolla en el plano intermedio. Aquí ha hecho todo lo contrario: ha situado dos siluetas totalmente blancas de espaldas en primer plano, a diferentes alturas y, oscureciendo el grupo de ancianos que asoman tras un parapeto en la esquina superior derecha, ha dado profundidad a la escena, subrayada por la línea del escalón ante el que está erguido el Niño.
A pesar del aparente esquematismo del dibujo, los rostros de los ancianos que escuchan atentamente al joven Jesús están perfectamente definidos e individualizados, lo mismo que sus tocados. Los del grupo de la derecha, dibujados a base de rayas paralelas al estilo Callot, demuestran un verdadero interés; las caras de los que se acercan por la izquierda, apenas silueteadas, recuerdan los dibujos de caricaturas por sus rasgos acentuados y sintéticos, algunos de una notable modernidad.
Hay otras estampas, como Aparición de Jesús a los apóstoles de 1656, en las que Rembrandt dejó también la plancha en este estado de ejecución, aparentemente sin terminar. Todas ellas tienen una extraordinaria frescura; parece que vibran y, por otra parte, denotan su gran seguridad en lo que estaba haciendo.
E. S. P.