La Adoración de los pastores con el candil
1654
Firmada en el borde inferior, hacia la izquierda: Rembrandt f.
Aguafuerte. 105 x 129 mm
2 estados
1er estado
Presenta un defecto en la parte superior derecha, que fue corregido en el segundo estado.
BNE, Invent / 29227
Seria Infancia de Jesús, 1654
En esta estampa de La Adoración de los pastores con el candil, los personajes centrales de la Virgen y el Niño están dibujados con muy pocos trazos y parecen resplandecer gracias a la blancura del papel. Al estampar esta prueba, Rembrandt limpió mucho la plancha de tal manera que casi toda la imagen está inundada de luz, cosa imposible pues, en teoría, la iluminación procede sólo de la llama de un pequeño candil que hay al fondo, en el centro de la composición. Se conservan pruebas en las que el autor dejó una ligera capa de tinta sobre la plancha para crear un tono general de penumbra, más lógico dada la fuente de la luz.
El contraste entre esta estampa y otra del mismo tema que había grabado dos años antes, en la que la escena se desarrollaba en una oscuridad casi total, es muy grande, no sólo por la luz sino por la actitud de los personajes. En aquélla, la Virgen se apoya en unos fardos con un semblante tristísimo, quizá pensando en lo que iba a sufrir su hijo o agotada y resguardándose del frío; en ésta hace el gesto usual en la iconografía cristiana de levantar su manto para enseñar a los pastores el recién nacido, y san José, en lugar de estar leyendo en una esquina, abre los brazos como invitándoles a que lo adoren. Es deliciosa la carita de la criatura que se asoma para mirar a Jesús, con una expresión muy frecuente en los niños cuando ven a un ser más pequeño que ellos. Mientras las figuras de las personas están hechas a base de rayas paralelas bastante largas, la vaca (y no la mula como es habitual) y el buey y la zona del establo que hay en el lateral derecho están mucho más trabajados, con trazos cortos y juntos, para dar profundidad a la escena y riqueza tonal a la imagen.
E. S. P.