La Sagrada Familia del gato
Firmada y fechada en el centro de la parte inferior: Rembrandt f. 1654
Aguafuerte. 95 x 145 mm
2 estados
1er estado
Se reconoce este estado por unas manchas blancas en el borde superior de la plancha a la derecha, que luego fueron corregidas.
BNE, Invent / 29230
Seria Infancia de Jesús, 1654
La relación de esta estampa con la famosísima de Mantegna Virgen abrazando al Niño es muy obvia en lo que respecta a la composición. En ambas la Virgen, sentada en el suelo la del italiano y en el estrado a la manera española la de Rembrandt, se inclina sobre el Niño, abrazándolo amorosamente. Los pies de éste se apoyan en los brazos de su madre en una postura muy natural. No es extraño que Rembrandt eligiera este modelo de Mantegna, no sólo por el modo en que está grabado, que tuvo que causarle verdadera admiración, sino también porque representa el lado más humano y familiar de la divinidad. Lógicamente, el holandés lo adapta y transforma según su idiosincrasia y su manera de trabajar la plancha y convierte la figura aislada, casi escultórica, de la Virgen de Mantegna en otra perfectamente integrada en un contexto hogareño, en el que una madre está durmiendo a su hijo; solamente el halo que rodea su cabeza –que, si no fuera por los rayos que desprende, se podría confundir con el cristal de la ventana– la identifican como un ser divino. El rostro de la Virgen trasluce una inmensa tristeza, lo mismo que el de san José, que mira detrás de la ventana. Es posible que en un primer momento Rembrandt hubiera situado a éste dentro de la habitación (en el lateral derecho de la estampa, que ha sido bruñido y ha vuelto a grabar de una manera bastante descuidada) pero, de este modo, la estampa habría sido menos dramática. Una serpiente sale huyendo de debajo de los pies de la Virgen, mientras el gato que da nombre a la imagen le agarra un pico de la falda.
La estampa puede tener una lectura simbólica, según la cual la Virgen aplastando con el pie a la serpiente del Paraíso representa a la nueva Eva, salvadora de la humanidad a través de su hijo; el gato que le agarra el vestido sería también una imagen del diablo que, conforme a una tradición popular, termina quemado en la chimenea. El hecho de que Rembrandt haya sacado a san José fuera de la habitación apoya la doctrina de la virginidad de María, subrayada por el cristal de la ventana, a través del cual puede pasar la luz sin romperlo ni mancharlo.
El grabado de la plancha tiene la misma libertad que un dibujo, realizado a base de series de trazos paralelos dispuestos con una sabiduría extraordinaria para ir creando las formas y los volúmenes, las luces y las sombras.
E. S. P.