Jesús predicando o "La Petite Tombe"
Ca. 1652
Aguafuerte, punta seca y buril. 155 x 208 mm
Estado único, dos contrapruebas
Prueba "de la manga blanca"
Es una de las últimas pruebas estampadas en época de Rembrandt, en la que han desaparecido casi por completo las rebabas de la punta seca, de manera que la manga es blanca. Con el entintado de la plancha ha oscurecido el fondo y la parte baja del primer plano de la imagen, para concentrar la luminosidad en el centro.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
El título "La Petite Tombe" procede del coleccionista que encargó la estampa, Nicolaes de La Tombe, y que fue el primer propietario de la plancha. En el inventario de Clement de Jonghe de 1679 aparece inventariada como Latombisch Plaatjen (la pequeña estampa de Latombe). Gersaint creyó que el nombre se refería a la piedra sobre la que se alza Jesús.
Grabada hacia 1652, su tema es semejante al de La estampa de los cien florines en la que, predicando a los pobres y curando a los enfermos, Jesús presenta su lado más humano. Pero al mismo tiempo, también podrían relacionarse con el pasaje del Evangelio de san Juan (8, 12) según el cual « Otra vez les habló Jesús, diciendo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida” ». Rembrandt representa siempre la misma figura de Jesús como un ser radiante cuyo resplandor, aun después de muerto –como se verá en las imágenes del Entierro–, ilumina a quienes están junto a él.
En esta estampa la luz juega un papel fundamental, pues es la que aglutina a su alrededor a todos los personajes; procedente de un óculo abierto en el centro del techo, se proyecta con fuerza sobre la gran losa que hace las veces de pedestal a Jesús, y su reflejo ilumina a los que escuchan con la mayor atención las palabras del maestro. La figura de Jesús es como un espejo que recoge y devuelve la luz, una figura frágil, cuyo rostro y manos han sido grabados con suma delicadeza y la túnica con trazos muy leves; parece que está a punto de levitar.
La composición es muy clara y está perfectamente estructurada y equilibrada; en torno a un eje vertical, Jesús, y otro horizontal que enlaza al viejo de la izquierda que apoya su mano en la barbilla con el que lleva una capota a la derecha, se dispone el resto de las figuras formando un círculo casi perfecto en torno al espacio luminoso central. Las de la izquierda están de pie, las de la derecha sentadas en tierra a un nivel inferior, pero la diferencia de altura se compensa con la apertura de una puerta hacia el exterior con la que, además, se rompe la sensación de espacio cerrado. Este fragmento de la calle y las casas de pueblo es de una modernidad y de una sabiduría realmente asombrosas, y capta con su luminosidad y su belleza la atención del espectador. Cada personaje está trabajado de una manera diferente y tiene unos rasgos muy personales. En primer término, la figura del niño que ha dejado a un lado su peonza y está dibujando en el suelo con el dedo, totalmente ajeno al mundo de los mayores, da un carácter muy humano a la escena.
Con trazos paralelos grabados al aguafuerte, más o menos juntos, Rembrandt ha ido dibujando las formas: trajes, arquitecturas, suelos, etcétera, mientras que ha cruzado otros cuidadosamente para conseguir las zonas de sombra compacta del fondo. Con la punta seca ha reforzado algunos puntos para conferir volumen y profundidad a la imagen, creando la sensación de espacio, y con el buril ha retocado algunas pequeñas zonas.
Esta composición tan estudiada evidencia el interés que Rembrandt tenía en ese momento por el Renacimiento italiano, que conocía a través de las estampas. Según White, la postura de Jesús con las manos levantadas guarda relación con la de Jesús sentado en la Gloria de La disputa del Santísimo Sacramento, y la del viejo sentado en un escalón a la izquierda con la de una mujer que hay junto a Homero recitando en El Parnaso, los dos frescos de Rafael de la Stanza della Segnatura del Vaticano que conocía a través de las estampas. Rembrandt había hecho un dibujo de un fragmento del segundo, que representa a Homero recitando para el album amicorum de Jan Six.
En la prueba llamada de la "manga negra" se puede apreciar cómo era la plancha en un primer momento, en el que las rebabas que deja la punta seca al incidir sobre la plancha están completas y se empapan de tinta, produciendo manchas de un negro intenso y aterciopelado, muy perceptibles en la capa y la manga del personaje situado en primer término a la izquierda y bajo los brazos de Jesús.
La segunda prueba o de la "manga blanca" fue estampada cuando la plancha ya había sido muy utilizada y las rebabas se habían desprendido en las sucesivas pasadas por el tórculo y su limpieza posterior, hasta desaparecer casi por completo. Rembrandt, para resolver el problema de la pérdida de los matices tonales, utilizó un recurso que más adelante llevará al extremo en las distintas pruebas que se muestran de El entierro de Jesús. Es un recurso pictórico que consiste en dejar sobre algunas zonas o figuras de la plancha una capa de tinta más o menos densa a base de limpiarla con mayor o menor intensidad para crear diferentes matices de claroscuro, que van del gris muy claro que cubre las figuras y el suelo del primer plano al negro intenso de la arquitectura del fondo; esto hace que destaque más la luminosidad de las casas del último plano, tras la puerta, y de la plataforma donde está Jesús y que se proyecta en todos los personajes de su entorno, acentuando más todavía la composición circular. Rembrandt, gracias al entintado, ha transformado la iluminación de una imagen.
E. S. P.
 
 
 
Esta imagen está disponible en el Banco de imágenes.
Usted puede encargar una reproducción.
Al pagar en línea, usted se beneficia del servicio rápido.
Añada la imagen a su cesta.
 
encargar