El regreso del hijo pródigo
Firmada y fechada bajo las figuras principales: Rembrandt f. 1636
Aguafuerte. 156 x 136 mm
Estado único
La plancha, que tiene por la otra cara un grabado de Ferdinand van Aertsz para ilustrar la obra del español Juan Alfonso de Molina Cano Descubrimientos geométricos (Amberes, 1598), se conserva en la Rembrandthuis de Amsterdam.
BNE, Invent / 29159
Las parábolas son pequeñas historias que se usaban como comparaciones para hacer entender las enseñanzas a la gente del pueblo. Jesús las utilizaba en su predicación de la nueva doctrina, y están recogidas en los Evangelios. Esta parábola cuenta que un hombre tenía dos hijos, uno de los cuales pidió su herencia por adelantado y se marchó de casa. Tras dilapidarla, vuelve y pide perdón al padre.
« Su padre[...], compadecido, corrió hacia él y se arrojó a su cuello y le cubrió de besos. Díjole el hijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus criados: “Pronto, traed la túnica más rica y vestídsela, poned un anillo en su mano y unas sandalias en sus pies.” » (Lucas 15, 11-32)

Rembrandt se basó para la composición de esta estampa en una xilografía del mismo tema de Marten van Heemskerk, del que tenía numerosos grabados en su colección. White, en su análisis sobre las semejanzas y diferencias entre ambas, a veces muy sutiles, señala que la de Heemskerk , representa un momento, casi se podría decir un instante, anterior en el que el padre está cruzando el umbral de la puerta para acoger a su hijo y éste suplica su perdón con las manos juntas. Rembrandt, buscando un mayor dramatismo y, al mismo tiempo, una mayor expresión del amor humano, dibuja al padre encorvado sobre la figura del hijo, amparándolo, y a éste refugiándose en su pecho. La expresión de sus caras es de una intensa emoción, con las bocas abiertas como hablándose y llorando a la vez.
La composición está planteada desde un punto de vista muy bajo, de manera que las figuras del padre y el hijo queden centradas a media altura de la estampa. Forman entre los dos un triángulo compacto, que tiene como telón de fondo tres bloques verticales. El paisaje aparece apenas apuntado tras un arco que, con su luminosidad, hace que la vista se pose en el grupo principal. En un ligero escorzo se sitúa la fachada de la casa con la ventana que abre una mujer para ver qué ocurre, pero que, claramente, está en segundo plano. A la derecha, dos personajes bajan la escalera trayendo los vestidos para el hijo pródigo. Los escalones sirven no sólo para elevar y centrar la escena, sino que la disposición de las losas rompe la ortogonalidad de la composición y dirige la mirada del espectador hacia el fondo.
Esta estampa de Rembrandt fue, indudablemente, la fuente de inspiración para el grupo central de un cuadro de Murillo del mismo título pintado en 1668, por encargo de Miguel de Mañara, con destino al Hospital de la Caridad de Sevilla (actualmente en The National Gallery of Art, Washington). Murillo debió poseer cierto número de estampas de artistas de los Países Bajos que se pueden rastrear en sus pinturas, entre otras quizá ésta misma que, a través de los coleccionistas Ceán Bermúdez y Valentín Carderera, llegaron en su día a la Biblioteca Nacional de España.
E. S. P.