El Descendimiento a la luz de la antorcha
Firmada y fechada en el centro de la parte inferior, en la sábana: Rembrandt f. 1654
Aguafuerte y punta seca. 210 x 161 mm
Estado único
Único estado de la época de Rembrandt. Hay estados posteriores retocados de Basan, Bernard y Beaumont, con las sombras del fondo reforzadas y con trazos diagonales en la parte superior derecha.
BNE, Invent / 29232
Serie Escenas de la vida de Jesús, 1654
"Llegada ya la tarde, porque era la Parasceve, es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro ilustre del sanedrín [...] que se atrevió a entrar a Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato se maravilló de que ya hubiera muerto [...] dio el cadáver a José, el cual compró una sábana, lo bajó, lo envolvió en la sábana y lo depositó en un monumento que estaba cavado en la peña."
(Marcos 15, 42-47)

Esta estampa es una de las representaciones más impresionantes del Descendimiento de la Cruz de todo el arte europeo. El dramatismo de la escena se basa, no en la gestualidad de los personajes y la visión terrible del cuerpo destrozado de Jesús, como era habitual en la iconografía del momento, sino precisamente en la sobriedad y la contención, en una sencillez más propia del clasicismo que del Barroco y, sobre todo, en un profundo y sincero sentimiento del dolor humano por parte de Rembrandt. Del cuerpo de Jesús ha destacado las piernas, el rostro apenas se percibe en la penumbra. La sensación de caída del cuerpo muerto que se derrumba viene dada por la sábana blanca que lo recoge y lo sostiene. Apenas se ven los rostros ni de los hombres que lo están bajando ni de los que se acercan por detrás en plena oscuridad, como una procesión de la Santa Compaña. Lo que más impresiona de toda la imagen son los ojos alucinados y la mano blanca que, desde la sombra, levanta un personaje casi invisible para sostener la cabeza de Jesús.
Se trata de una estampa muy representativa de esta última época de Rembrandt, de composición muy clara, estructurada en grandes planos y grabada a base de largas líneas paralelas. La escena está planteada en tres niveles de altura y otros tres de profundidad. En la parte superior, la luz de una antorcha que sujeta un hombre desde detrás de la cruz ilumina poderosamente la sábana con la que están bajando el cuerpo muerto de Jesús y las piernas de éste, mientras que la cabeza queda en penumbra. Es magistral el modo como Rembrandt ha sombreado el rostro a base de cruzarlo con unos trazos casi imperceptibles de la punta de grabar y lo ha enmarcado en un barba muy negra, hecha con punta seca, para destacarlo. Ocupa el nivel intermedio, a la izquierda, la gran roca en la que está hincada la cruz, y a la derecha un hombre que prepara la sábana para depositar el cuerpo y otro que contempla la escena. En el nivel inferior, unas parihuelas a las que llega bastante matizada la luz de la antorcha ocupan todo el primer plano. Adentrándonos en la estampa, en la oscuridad casi total de la derecha, se distingue una masa de hombres con las cabezas bajas que avanza desde el fondo, mientras que una impresionante figura levanta los brazos para ayudar a los que bajan el cuerpo de Jesús. Al fondo, la imponente masa de un edificio cuadrangular tenuemente iluminada equilibra la composición.
No es de extrañar que esta estampa impresionara a Goya, que la pudo ver en la colección de su amigo Ceán Bermúdez, y se inspirase en ella para la composición de dos de sus estampas más significativas. El terrible cadáver de la estampa nº 69 de Los desastres de la guerra, titulada Nada. Ello dirá recuerda mucho las parihuelas cubiertas con la sábana; asimismo, la blanca figura del caballero muerto sostenido por su amada y la estructura de grandes sillares en forma de pirámide truncada de la estampa nº 10 de Los Caprichos, llamada El amor y la muerte, se asemejan a la parte superior de este Descendimiento.
E. S. P.