Jesús en Emaús
Firmada y fechada en la parte inferior izquierda: Rembrandt f. 1654
Aguafuerte, punta seca y buril. 211 x 160 mm
3 estados
2º estado
El primero sólo está grabado al aguafuerte. Las líneas del sombrero del apóstol de la derecha están sin completar. En este segundo ha añadido trazos de punta seca para modelar mejor la cabeza de Jesús y los rayos que la rodean, y también el bodegón sobre la mesa y las figuras a ambos lados. En el tercer estado añadió un fino rayado a buril horizontal bajo el mantel, en la sombra tras el hombre de la derecha y alrededor de los pies del de la izquierda. Nowell-Usticke describe otro estado más, retocado por Bernard, con mayor sombreado a los pies de Jesús.
BNE, Invent / 29236
"Dos de los discípulos iban a una aldea que dista de Jerusalén sesenta estadios, llamada Emaús y hablaban entre sí de todos estos acontecimientos. Mientras iban hablando y razonando, el mismo Jesús se les acercó e iba con ellos, pero sus ojos no podían conocerle [...] Se acercaron a la aldea donde iban y Él fingió seguir adelante. Obligáronle diciendo: “Quédate con nosotros, pues el día ya declina.” Y entró para quedarse con ellos. Puesto con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Se les abrieron los ojos y le reconocieron y desapareció de su presencia".
(Lucas 24, 13-32)

Aunque forma parte de la misma serie que las estampas anteriores, esta vez la imagen es muy luminosa. La figura de Jesús, resplandeciente, irradia serenidad y, al mismo tiempo, impresiona. La composición, amplia y bien estructurada, es muy clásica en su sencillez y grandiosidad.
La realización también es muy sobria; casi toda está grabada al aguafuerte, reforzado únicamente con pequeños realces de punta seca en el sombrero y la manga del discípulo de la derecha y en algunos pliegues del cortinaje que forma el dosel para darle mayor profundidad y volumen. Los trazos son largos y seguros, y Rembrandt representa las distintas texturas, los volúmenes y el modelado entrecruzándolos o distanciándolos de muy diversas maneras según el efecto de claroscuro o la forma que quiera conseguir, aunque lo hace de un modo totalmente distinto al que utilizaban los grabadores profesionales del buril, mucho más libre y en apariencia descuidado pero sumamente eficaz. Münz relaciona los grabados de Rembrandt en los que aprovecha el blanco del papel para crear imágenes llenas de luminosidad con los italianos del Renacimiento y el Barroco.
Comparando esta estampa con la del mismo tema que había grabado veinte años antes, en 1634, se aprecia el largo recorrido y la gran transformación que ha sufrido la manera de componer y de grabar de Rembrandt. La diferencia reside no sólo en el tamaño sino, sobre todo, en el concepto. La figura de Jesús de la imagen de 1634 recuerda a Rubens, es un hombre joven y fuerte que hace un gesto enérgico al cortar el pan. Su cabeza irradia una brillante luz, pero la fuente principal de iluminación procede de una ventana (no visible) que estaría situada a la derecha en alto, de tal manera que la sombra del perro se encuentra casi debajo del animal. El formato estrecho y alargado del papel hace que todas las figuras se dirijan hacia un punto en el centro de la imagen, mientras que en la estampa de 1654 tienden a abrirse hacia fuera. La minuciosidad del grabado de los años treinta, hecho a base de trazos muy pequeños y juntos, contrasta de un modo radical con los largos y abiertos de los cincuenta, pero el cambio más evidente reside en que el primero es una estampa barroca y el segundo tiene un fuerte aire clasicista.
E. S. P.