La muerte de la Virgen
Firmada y fechada en la esquina inferior izquierda Rembrandt f. 1639
Aguafuerte y punta seca. 410 x 314 mm
3 estados
2º estado
La silla de la esquina derecha está sombreada con la punta seca. Parece el estado definitivo, pues en el tercero aparecen unos pequeños trazos de ruleta hechos en el siglo XVIII.
BNE, Invent / 29167
Este tema, con una larga tradición iconográfica en la historia del Arte, no aparece en los Evangelios. La fuente textual más utilizada es la Leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, que cuenta que un ángel se apareció a la Virgen anunciándole su próxima muerte. María le pide que los apóstoles, que estaban repartidos por todo el mundo predicando el Evangelio, vengan junto a ella y se encarguen de su entierro y, milagrosamente, todos son transportados por el aire al Monte Sión junto al lecho de muerte de la Virgen. Rembrandt representa en esta estampa los dos momentos del relato: la aparición del ángel acompañado por el Niño Jesús y el momento de la muerte.
La composición puede estar inspirada en varias fuentes iconográficas. Una de ellas son las xilografías de Durero del Nacimiento o de la Muerte de la Virgen, que había comprado en 1638; también se puede relacionar con una vidriera de la Oude Kerk de Amsterdam según un dibujo de Dirck Crabeth, con una estampa de Lucas de Leyden y otra de Andrea Mantegna para la figura del hombre de la derecha con los brazos abiertos, aunque las ha cambiado radicalmente para transformarlas en una imagen barroca, totalmente personal.
Rembrandt planteó la escena como si representara la muerte de una reina rodeada de su corte. A ello contribuye el decorado de la habitación adornada con grandes cortinajes, gruesos tapetes y la espléndida cama con dosel, propios de un palacio, y también la presencia de tres personajes ricamente vestidos, de mayor tamaño que el resto de las figuras: el que está sentado leyendo el Libro Sagrado, el sumo sacerdote a la cabecera y la mujer a los pies de la cama. Forman un triángulo que delimita el lecho donde yace la Virgen y hacen que la mirada se centre necesariamente en la luminosa figura de María, poniendo de relieve su condición de madre de Dios y reina de los cielos.
La estampa, llena de contrastes de color, de luz y sombra, de texturas muy diferentes, de maneras totalmente distintas de representar la zona inferior, la terrenal, muy elaborada a base de trazos apretados y muy negros, y la del cielo, apenas sugerida con líneas largas y paralelas, es de una gran brillantez. Pero lo que más impresiona es el modo en que Rembrandt representó la exquisita figura de la Virgen muerta, una figura luminosa y casi transparente, y el dolor de las personas que la rodean.
El principal foco de interés está desplazado hacia la izquierda y los distintos planos se van sucediendo hacia el fondo en paralelo y en sentido oblicuo. Hay cinco grandes bloques; cada uno está resuelto de una manera distinta y juega un papel fundamental en la composición, configurando un plano diferente en profundidad. En primer plano, la figura sentada a contraluz leyendo un gigantesco libro de las Escrituras sirve de barrera frente al espectador y hace que la mirada de éste se dirija a la zona luminosa concentrada bajo el dosel de la cama donde yace la Virgen; en segundo término, la figura imponente del sumo sacerdote que contempla la escena con serenidad, su acólito y una vieja cierran la composición por la izquierda; en el plano central se encuentra la Virgen, cuya figura está grabada con trazos ligerísimos, en la que sólo destacan las finas manos modeladas con trazos negros. Más atrás, se agolpan tras la cama ocho figuras dispuestas en diferentes planos y grabadas más ligeramente a medida que se alejan; entre ellas destaca el médico que comprueba el pulso y el anciano san Pedro que, con todo cariño, levanta la almohada y acerca un paño a la cara de María. La esbelta mujer que llora a los pies de la cama es la primera de un eje que se dirige hacia el fondo de la habitación, formado por otras cinco figuras; tiene un canon muy alargado, totalmente ajeno al que usualmente utiliza Rembrandt, pero necesario para equilibrar la composición. Es una figura muy bella, quizá inspirada en un prototipo italiano. Los dos personajes que hay detrás de ella recuerdan a una Virgen y un san Juan al pie de la cruz; por el contrario, dos figuras de jovencitas están de espaldas y ajenas a lo que sucede. El plano más profundo lo ocupa, como tantas veces, una figura que descorre una cortina para ver qué pasa. Las manchas oscuras del primer y el último plano crean la sensación ficticia del espacio dentro de la habitación llena de luz.
Toda la parte superior de la estampa es un rompimiento de gloria que contrasta radicalmente en su planteamiento y ejecución con el plano terrenal. En lugar de la ejecución minuciosa de las telas y el entrecruzamiento cuidadoso de los trazos en distintas direcciones, Rembrandt utiliza líneas muy largas y cruzadas como con descuido en las que se confunden las que corresponden a las nubes con las del techo de la habitación. Los ángeles y la figura que parece representar a Jesús niño también están dibujados como a vuelapluma y con una gran libertad, que recuerda la manera de grabar italiana de los Carracci.
E. S. P.