Pedro y Juan a la puerta del templo curando a un paralítico
Firmada y fechada en bas au centre Rembrandt f. 1659
Aguafuerte, punta seca y buril. 180 x 217 mm
4 estados
2º estado
Se diferencia del primero en la silueta del traje de Pedro en la zona del pecho. Es el mejor estado del grabado, pues el primero es más bien una prueba de estado.
BNE, Invent / 29250
"Pedro y Juan subían a la hora de la oración, que era la de nona. Había un hombre tullido desde el seno de su madre, que traían y ponían cada día a la puerta del templo llamada la Hermosa para pedir limosna a los que entraban en el templo. Éste, viendo a Pedro y a Juan que se disponían a entrar en el templo, extendió la mano pidiendo limosna. Pedro y Juan, fijando en él los ojos, le dijeron: “Míranos.” Él los miró esperando recibir de ellos alguna cosa. Pero Pedro le dijo: “No tengo oro ni plata; lo que tengo, eso te doy: en nombre de Jesucristo Nazareno, anda.” Y tomándole de la diestra le levantó, y al punto sus pies y sus talones se consolidaron y de un brinco se puso en pie y, comenzando a andar, entró con ellos en el templo saltando, brincando y alabando a Dios."
(Hechos de los Apóstoles 3, 1-8)

En 1629, en los comienzos de su carrera como grabador, Rembrandt había grabado al aguafuerte una estampa del mismo tema de la que sólo se conocen cuatro pruebas, una de ellas en la Bibliothèque nationale de France. Tiene muchos defectos de ejecución técnica, pues se debió de deteriorar la capa de barniz que recubría la plancha y el ácido penetró a través de ella sin control mordiendo el metal, con el resultado de que, al estamparla, quedan una serie de trazos oblicuos en el centro de la imagen. Sin embargo, el dibujo está muy logrado en zonas como el cuerpo del paralítico o el detalle de las dos personas que suben la cuesta atravesando el arco. Según Ger Luitgen, quizá Rembrandt deseaba comprobar en esta estampa de mayor tamaño que el habitual (221 x 169 mm) si podía utilizar en el grabado unos trazos parecidos a los del dibujo para representar el sombreado, con un claro resultado negativo.
La estampa de 1659 muestra, por el contrario, la maestría técnica de Rembrandt treinta años después. La composición recuerda la de El triunfo de Mardoqueo: en ambas, el poderoso arco rebajado juega un papel protagonista, encuadrando a los personajes más importantes. La luz llena gran parte de los vanos y las columnas contrapesan la horizontalidad de la parte baja de las dos composiciones, repletas de gente. Los personajes principales están en la mitad izquierda del grabado, mientras que a la derecha se establecen líneas de fuga hacia el fondo, mucho más acusadas en la estampa de San Pedro y San Juan gracias a las gradas de la escalera que conduce al templo, flanqueada por una multitud de pequeñas figuras.
Si se pasa a analizar los distintos elementos de la composición, aunque los personajes protagonistas sean los apóstoles y el paralítico al que san Pedro ampara bajo sus brazos, la vista se dirige sin querer hacia los dos viejos que contemplan la escena arrimados a la columna de la izquierda. Las manchas de sus ojos atraen nuestra mirada y sus expresiones, entre desconfiadas y agazapadas, son muy inquietantes. Ante la puerta del templo, bajo un dosel y muy iluminados para que se distingan a pesar de su pequeño tamaño, están el sumo sacerdote y el guardián del templo, hasta los que llega la nube de humo procedente de un gran brasero situado en la plataforma que lleva al templo. Detrás se alza una gran mole arquitectónica que recuerda el Castel Sant’Angelo, inspirada quizá en una estampa italiana. La parte derecha es fascinante: las masas de gente se apiñan ante las gradas para contemplar el sacrificio en una composición en ángulo de mucha profundidad y, al fondo, cierran la composición los muros del templo, tras los cuales asoman los árboles.
Isadora Rose-De Viejo, señala la influencia de esta estampa en el cuadro de Murillo La curación del paralítico en la piscina probática (National Gallery, Londres).
Esta obra maestra es el último grabado de tema bíblico de Rembrandt.
E. S. P.