El bautismo del eunuco
Firmada y fechada en la parte inferior derecha: Rembrandt f. 1641
Aguafuerte y buril, con marcas de punta seca. 177 x 213 mm
2 estados
2º estado
La sábana de agua y el montículo de la derecha están sombreados con trazos al buril.
La plancha se conserva en la BnF, en el "département des Estampes et de la Photographie ".
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
"Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: “Levántate y dirígete hacia el mediodía al camino que baja de Jerusalén a Gaza. Éste está solitario.” Y levantándose, se puso en camino. Y he aquí un varón etíope, eunuco, ministro de Candace, reina de los etíopes, que tenía a su cargo todo su tesoro real, el cual había venido a Jerusalén para adorar a Dios, y ahora estaba de vuelta sentado en su coche, y leía al profeta Isaías. [...] Corriendo allá Felipe [...], dijo: “¿Por ventura entiendes lo que lees?” Él dijo: “Pues ¿cómo voy a poder, si no hay uno que me guíe?” [...] Y como siguiesen su camino, llegaron a un sitio de agua, y dice el eunuco: “Aquí hay agua: ¿qué impide que yo sea bautizado?” [...] Mandó que parase el coche, y bajaron entrambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó."
(Hechos de los Apóstoles 8, 26-28, 30-31, 36-38)

Este tema se desarrolla básicamente a partir del siglo XVI en el norte de los Países Bajos y se divulga a través de los grabados del Maestro A. C. (1524), Maerten van Heemskerk (1569) y Philippe Galle (1582). A principios del siglo XVII se convertirá en uno de los cinco asuntos religiosos más populares junto con la huida a Egipto, los peregrinos de Emaús, san Juan predicando y Tobías y el ángel.
Rembrandt se inspiró indudablemente en las obras de Pieter Lastman (1583-1633), de quien había sido alumno durante seis meses en 1624 y que trató en cuatro ocasiones este tema en pintura. Sin embargo, el artista renovó la interpretación del episodio en un cuadro de 1629-1630, interpretación que recuperaría en su grabado diez años más tarde y en un dibujo sin fecha conservado en Munich. Varias obras sobre esta temática de autores diversos corroboran la influencia de las creaciones de Rembrandt.
Gráficamente, la estampa está tratada con gran libertad, a la manera de un dibujo. Algunos trazos más vigorosos en la espalda del guardia, la grupa del caballo, las vestiduras del paje y de Felipe dan ritmo a la composición. En un diáfano día de sol, aparentemente hacia el mediodía puesto que no se advierte ninguna sombra, el eunuco arrodillado destaca contra la túnica del apóstol que extiende las manos sobre él. Juntos componen una estructura única, símbolo de la fe o la gracia común que los impregna en el acto del bautismo. El parasol los nimba cual una inmensa aureola. A su alrededor, el artista multiplica los elementos narrativos, situando personajes, animales y motivos de un modo teatral. En un decorado paisajístico, esbozado apenas con una punta muy ligera y muy libre, aparece detenido el carruaje del eunuco. Una figura ecuestre soberbiamente ataviada, inmóvil, custodia a los personajes de la escena principal, a una prudente distancia de ellos, al igual que el pequeño paje acompañado de un perro que sujeta el gorro empenachado del dignatario etíope. Felipe y el eunuco están en la orilla del rio. La escena, llena de gravedad y recogimiento, tan sólo es alterada por la agitación de los animales.
G. L.
 
 
 
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