La sinagoga
Firmada y fechada en el pilar de la izquierda: Rembrandt f. 1648
Aguafuerte y punta seca. 72 x 129 mm
3 estados
1er estado
El pie derecho y el manto del personaje de primer plano a la izquierda son blancos.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
Esta estampa tuvo diversos títulos. El primero fue Los fariseos en el templo, que aparece en el inventario de Clement de Jonghe de 1679, luego figuró como El templo de los judíos en el inventario de la colección de Valerius Röver de 1731 y, por último, Gersaint la tituló La sinagoga de los judíos en el catálogo de 1751.
Bien podrían ser fariseos estos depositarios de la Ley que, reunidos en el templo, comentan las Escrituras entre ellos. Más recientemente, Münz apuntó al arrepentimiento de Judas, representado solo, sentado de espaldas, después de devolver los treinta denarios y pronunciar la frase: "Pequé entregando sangre inocente." (Mateo 27, 3-4) No obstante, en el Evangelio Judas no se entretiene en el templo, sino que arroja las monedas en el santuario, se retira y va a ahorcarse.
Este pequeño grabado ejerce una atracción singular sobre el espectador. Rembrandt recrea la atmósfera de un lugar sagrado, impregnado del misterio divino. En la vaga luminosidad que se filtra por las estrechas ventanas de un espacio horizontal truncado con audacia en su verticalidad, unos ancianos de tipo oriental, arropados en sus mantos como otros tantos profetas y patriarcas del Antiguo Testamento, deambulan sigilosamente. Estos paseos en ambas direcciones parecen no tener principio ni fin. El andar lento, pesado, de esos personajes que meditan, rezan y murmuran en actitud concentrada –con la cabeza baja y los hombros encorvados–, acompañada de gestos persuasivos, sugiere unos interminables conciliábulos a media voz, rodeados por los "ruidos del silencio".
La perspectiva crea una auténtica ilusión en cuanto al número de personajes que aparecen. Ya se trate de tiempos bíblicos o contemporáneos, esta escena de dimensión intemporal se fundamenta en la observación y una comunión muy real con la importante comunidad judía de Amsterdam. Rembrandt vivía desde 1639 en la Sint Anthonisbeestrat (hoy Jodenbeestraat), en el barrio judío portugués, donde se había abierto ese mismo año una sinagoga inspirada en el templo de Salomón. Tenía amigos y conocidos entre sus habitantes, en especial el rabino Manasés ben Israel, que residía en la misma calle que el artista. Rembrandt lo retrató en 1636 (W.B. 269) e ilustró uno de sus libros en 1655.
G. L.
 
 
 
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