San Jerónimo escribiendo al pie de un sauce
Firmada y fechada en el 2º estado en la parte inferior, hacia la izquierda: Rembrandt f. 1648
Aguafuerte y punta seca. 180 x 133 mm
2 estados
2º estado
Con la firma y la fecha, y algunas "pinceladas" de punta seca en las fauces del león y las cañas de primer plano. A lo largo del borde derecho se distingue una superficie de puntos, producto de un barniz irregular.
BNE, invent / 29202
Rembrandt grabó a algunos santos en un medio paisajístico, particularmente a san Francisco y san Jerónimo. El personaje, tema principal, se integra en ese marco natural, tratado a veces con ampulosidad por el artista; pero este entorno adquiere una significación muy distinta de la que tienen los paisajes representados por sí mismos.
De 1629 a 1654 Rembrandt evocó siete veces la figura de san Jerónimo, el único doctor de la Iglesia romana que le inspiró, pese a que él era protestante. Tenía predecesores célebres ya desde el siglo XV, entre ellos Durero, Lucas de Leyden, Heemskerk y Galle. Representa siempre al santo absorto en la lectura de las Escrituras, empeño que se había impuesto tras renunciar a las obras profanas. San Jerónimo revisó y comentó la traducción latina de la Biblia a partir del original hebreo y la versión griega de los Setenta. La edición del santo, o Vulgata, fue reconocida como versión oficial de la Iglesia católica en el concilio de Trento (1545-1563). Los humanistas, muy apegados a la traducción de los textos antiguos, veneraban a san Jerónimo y lo erigieron en su patrón.
Rembrandt, lector asiduo de la Biblia, muy atento a las innumerables corrientes religiosas que se propagaron en Holanda después de la Reforma, así como a los teólogos que las enseñaban, debió de sentirse también atraído por su personalidad.
Curiosamente en esta estampa, el motivo esencial es el tronco nudoso de un vetusto sauce que ha arraigado a la orilla del agua y parece surgir vigorosamente de la lámina. Ocupa su luminoso espacio, en una leve diagonal, y la composición se organiza a su alrededor. Rembrandt había dibujado con anterioridad un árbol muy similar, pero que no constituye un boceto preparatorio de la estampa. Se trata de otro sauce y aparece representado en Vista de Omval.
Es posible que el viejo sauce solitario inspirase al artista el personaje de san Jerónimo ermitaño. Tan sólo después de grabar el árbol al aguafuerte trazó muy libremente sobre la plancha, a la punta seca, la figura del santo escribiendo, con la calavera y el crucifijo colocados ante él, acompañado de sus atributos tradicionales, el león y el capelo cardenalicio. El paisaje, la pared de un risco, quizá una cascada y un cañizal al borde del agua, está apenas sugerido. Se advierte un pentimento en el crucifijo, fijado inicialmente al tronco, enfrente del santo. Un frondoso vástago, símbolo del renacer, situado encima y paralelamente al escritorio de Jerónimo, parece procurarle sombra en este paisaje soleado, mientras que en el otro lado se ha posado un pájaro diminuto.
G. L.