San Francisco orando bajo un árbol
Firmada y fechada en la parte inferior derecha: Rembrandt f. 1657 (la f invertida)
Punta seca al 1er estado ; punta seca y Aguafuerte al 2º estado
2 estados
1er estado
Boceto a la punta seca, con una parte inacabada. Prueba con un efecto de entintado en la parte izquierda; es una de las cinco pruebas que se conocen del primer estado. Arriba, a la derecha, se puede ver una huella digital, probablemente del artista. Es posible que Rembrandt tocase la plancha recién entintada antes de la impresión. 183 x 245 mm.
Papel india.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
Ésta es la última representación hecha por Rembrandt de un santo en un paisaje. Gersaint fue el primero que, en 1751, identificó a san Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, cuya prolífica iconografía es sin embargo infrecuente en Holanda. En los inventarios anteriores la estampa se catalogó bajo el nombre de "San Jerónimo", y lo cierto es que el artista no se atuvo enteramente a la iconografía tradicional del santo de Asís. Sólo el paisaje parece corresponder a ella. San Francisco se había retirado en 1225 al monte Alberno, en la Toscana, para ayunar y orar en compañía de fray León, que fue testigo de la escena de la visión. El día de la Exaltación de la Santa Cruz, Jesús crucificado se apareció a Francisco materializado en un pequeño serafín, y unos rayos luminosos imprimieron en su cuerpo los estigmas de la Pasión de Jesús. El conde Catanio le mandó construir un monasterio. Todo indica que Rembrandt deseaba recrear aquí el enclave; pero la escena representada precede a la visión, tema tratado habitualmente por los artistas. El santo, arrodillado, con las manos juntas apoyadas en un libro –presumiblemente la Biblia– y los ojos cerrados en hondo recogimiento, reza delante de un gran crucifijo que se alza a la sombra del follaje. El autor le otorga el aspecto de un anciano de larga barba, pese a que murió a los cuarenta y tres años. No obstante, san Francisco fue representando barbudo, luego imberbe a partir de Giotto y nuevamente con barba desde la Contrarreforma.
Los dos estados dedicados a la oración de san Francisco delatan una zozobra espiritual (mística) en el santo que halla su eco en el paisaje de luces y sombras. En el primer estado, la impresión de misterio que rodea a Jesús está creada por el negro intenso, aterciopelado y subyugante de las profundas rayas de punta seca en el papel india de tono cálido, y se acentúa aún más con la claridad que inunda la parte derecha donde reza san Francisco. El efecto de una fuerza deslumbradora se logra por medio del grafismo abocetado y discontinuo del ramaje y de fray León. De hecho éste, arrodillado en su refugio de bálago, no siempre ha sido identificado por los historiadores: tan presente está la sensación de anonadamiento.
En el segundo estado, la plancha retocada al aguafuerte ha sido concluida, y su atmósfera ha cambiado. Una tensión dramática reemplaza ahora la espiritualidad que bañaba la escena. La densa penumbra envuelve al santo, cuyo rostro remodelado y vuelto hacia la izquierda no refleja ya un recogimiento apacible, sino una emoción violenta. La tonalidad más plateada del segundo estado sobre el papel europeo unifica la composición.
G. L.
 
 
 
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