El puente de Six
Firmada y fechada en la esquina inferior derecha Rembrandt f 1645
Aguafuerte y punta seca. 130 x 225 mm
3 estados
3er estado
El sombrero del segundo hombre ha sido sombreado con la punta seca. Los dos sombreros eran blancos en el primer estado, y el del hombre más próximo se sombreó en el segundo estado.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
El primer título conocido de este paisaje es El puente de Six, consignado en el inventario de la colección de Valerius Röver de Amsterdam en 1731. Una anécdota referida por Gersaint (ca. 1696-1750) en el catálogo póstumo sobre la obra grabada de Rembrandt, publicado en 1751, sitúa la escena en la propiedad de Six, burgomaestre de Amsterdam. De todos modos, el paraje no ha sido identificado con el lugar donde la familia Six tenía una finca –adquirida en 1651 cerca de Hillegom– sino más bien, aunque sin una certeza absoluta, con un enclave a orillas del Amstel próximo a la propiedad Klein-Kostverloren de Albert Coenraedosz-Burgh, que fue también burgomaestre de Amsterdam.
A pesar de su inexactitud, el texto de Gersaint es interesante porque subraya una de las características del arte de Rembrandt, la facilidad y rapidez de ejecución. Revisémoslo: "Ya hemos dicho que Rembrandt mantenía una íntima relación de amistad con el burgomaestre Six, y que visitaba a menudo la casa de campo de aquel magistrado. Un día que estaba con él, un criado vino a avisarles de que la cena estaba servida; en el momento en el que se disponían a sentarse a la mesa, advirtieron que no había mostaza; el burgomaestre ordenó al criado que fuese prontamente al pueblo a buscarla. [...] Dicen que Rembrandt, un artista de vivo carácter, apostó con el burgomaestre a que grabaría una plancha antes de que volviese el sirviente [...]; y como tenía siempre planchas barnizadas y a punto, tomó una de inmediato y grabó sobre ella el paisaje que se veía desde el interior de la sala donde se encontraban; en efecto, aquella plancha quedó grabada antes del regreso del criado."
La espontaneidad del trazo, el vigor de la línea, el dinamismo y la modernidad de la composición abierta –la barca con la vela hinchada navega fuera del marco– hermanan el arte de Rembrandt con el de algunos paisajistas del impresionismo como Whistler o Jongkind. El grafismo y el encuadre sugieren movimiento, la claridad y la sencillez de la composición hacen la atmósfera evanescente, y todo el conjunto refleja la impresión de un instante. Es muy probable que este paisaje fuese realizado a partir del natural, directamente sobre la plancha, de la misma manera que se haría un bosquejo sobre la hoja de un cuaderno de dibujo.
G. L.
 
 
 
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