La pequeña caza del león
Ca. 1629
Aguafuerte. 154 x 122 mm
2 estados
1er estado
En el segundo estado Rembrandt recortó la plancha por el margen derecho. Recuadrada a tinta.
BNE, Invent / 29176
Esta estampa y la siguiente no están fechadas, pero la mayoría de los especialistas piensan que Rembrandt las grabó hacia 1629-1630, cuando vivía en Leiden.
En el inventario de los bienes de Rembrandt de 1656 figuran cuatro volúmenes con estampas de Antonio Tempesta que, sin la menor duda, influyeron tanto en la composición como en los fuertes contrastes de claroscuro de las escenas de caza del maestro holandés. Obra temprana dentro de su trayectoria como grabador, en ella experimenta con la eficacia de los trazos para crear distintos tonos de color, y también con diferentes tipos de instrumentos para dibujar sobre el barniz. Aquí parece que ha utilizado en las zonas más oscuras del primer plano una punta redonda bastante gruesa sobre un barniz blando a fin de lograr trazos anchos y muy gruesos.
La composición es típicamente barroca y está planteada utilizando un recurso muy "teatral", frecuente en la pintura europea de la época, que consiste en crear un primer plano oscuro que sirva de barrera entre el espectador y la escena principal que se desarrolla en un segundo plano, muy iluminado. En este caso, la barrera es la parte baja de la estampa, que representa un suelo de tierra cubierto de hierba. El protagonista de la escena parece ser el caballo encabritado que se acerca desde el fondo por la izquierda, el cual, por su color también oscuro, atrae la toda la atención y es el que crea, por contraste, un segundo plano lleno de luz en el que una leona está desgarrando el pecho de un hombre caído, apenas identificable, mientras su bellísimo caballo blanco huye hacia el fondo. Un león, que más parece un perro grande con melenas que el rey de los animales, se dispone a atacar al caballo de la izquierda, que lo mira aterrado.
La escena rebosa dinamismo y el dibujo es ágil, con algunas figuras muy bellas como la del caballo blanco que huye, pero técnicamente tiene muchos fallos, y la imagen está llena de trazos emborronados. Resulta curioso puesto que, el año anterior al que se supone que grabó esta estampa, había hecho los dos retratos de su madre (Retrato de la madre de Rembrandt: sólo la cabeza, de frente y Retrato de la madre de Rembrandt) en los que demuestra su dominio de la punta de grabar. Tampoco se preocupó de pulir la plancha por completo antes de reutilizarla y, debajo de los trazos de esta composición, se perciben los de un paisaje anterior, muy visibles en las zonas claras como la grupa del caballo blanco.
E. S. P.