La pequeña caza del león
Ca. 1629
Aguafuerte. 158 x 117 mm
Estado único
BNE, Invent / 29101
De la misma época que la estampa anterior, en ésta Rembrandt experimenta la manera de conseguir los sombreados disponiendo las líneas en distintas direcciones o entrecruzándolas con la mayor libertad. Mucho menos elaborada, el dibujo es muy ágil, y el artista no se ha molestado tampoco en terminar de pulir la plancha, que deja todo tipo de manchas en el papel. Esta vez el león es el que ataca con toda su fuerza, y ha logrado derribar al caballo y a un jinete; un segundo caballero viene al galope desde atrás para ayudarle. Inspirada también en una estampa de Antonio Tempesta, Rembrandt hace una versión propia muy diferente, convirtiendo una típica imagen manierista en otra barroca. Las diferencias más evidentes son el formato –apaisado el de la estampa italiana, vertical el de la holandesa–, el hecho de haber suprimido la mitad de las figuras y la inversión de la imagen. Pero además hay otras, según señala White, como son el violento claroscuro, que aumenta el dramatismo de la escena, y la libertad de los rasgos del dibujo de Rembrandt, que hace que las figuras se mezclen y confundan, transmitiendo la sensación de movimiento y furia tanto de los hombres como del felino, en contraste con la precisión de los contornos de las estampas de Tempesta.
Aunque el dibujo abierto de las figuras principales es casi un apunte, su agilidad y dinamismo comunican perfectamente la sensación del ímpetu salvaje de la fiera que se lanza sobre el jinete derribado, la fuerza del otro cazador que viene al rescate y el miedo de su caballo, que mira espantado al león. La economía de líneas en las figuras de la derecha, que parecen avanzar ondulando como los trazos, contrasta con las del lateral izquierdo, dispuestas en todas direcciones para conseguir una masa oscura.
E. S. P.