La gran caza del león
Firmada y fechada en la parte superior derecha: Rembrandt f. 1641
Aguafuerte y punta seca. 224 x 300 mm
2 estados
1er estado
Antes de sombrear la cabeza del segundo caballo a la derecha por medio de un rayado a la punta seca.
BNE, Invent / 29177
Doce años más tarde, Rembrandt retoma el tema de la caza del león que le había servido como banco de pruebas en su búsqueda para lograr efectos de claroscuro y profundidad. Ahora sabe perfectamente cómo conseguirlos; pero le sigue interesando el otro reto fundamental que planteaban las pequeñas estampas de 1629, la manera de plasmar el movimiento, la fuerza salvaje de los animales y de las personas, el caos que se produce en una situación extrema como es la lucha a muerte.
Esta vez, el artista trabaja en una estampa de formato bastante grande y con una técnica dibujística en la que apenas utiliza los recursos que le ofrece el grabado. A base de trazos muy finos, libres y seguros, va dibujando con mayor o menor detalle sobre el barniz las distintas figuras que corren en todas direcciones. Se vuelve a inspirar, como en las estampas anteriores, en composiciones de Antonio Tempesta, y en este caso también de Johannes Stradanus pero, utilizando elementos sueltos de éstas, plantea una composición totalmente nueva, de un dinamismo espectacular que más parece propio de Rubens que de Rembrandt. Hasta ahora sólo había representado figuras corriendo en la estampa de La Anunciación a los pastores y, prácticamente, no vuelve a plantear escenas con tanto movimiento. Es magistral la manera de articular las figuras de los dos caballos que ocupan el centro de la composición creando un desnivel del terreno que justifica el que uno se haya caído y esté aplastando a su jinete y el otro se encabrite, en parte para no aplastarlo y en parte porque el caballero se vuelve para clavar la lanza en el león, que aún sigue vivo.
En 1641, Rembrandt graba una serie de estampas de gran calidad: paisajes como Vista de Amsterdam o El molino, y estampas religiosas como La Virgen entre nubes, en las que utiliza una técnica muy suelta de trazos muy finos y donde deja parte de la superficie en blanco, pero sin conseguir en ninguna esa aparente sensación de ser un apunte de dibujo hecho con total libertad como ésta de La gran caza del león.
E. S. P.