El cerdo
Firmada y fechada en la esquina inferior derecha Rembrandt 1643
Aguafuerte y punta seca. 145 x 184 mm
2 estados
1er estado
Antes de las contrarrayas en la mejilla del muchacho y en un lado del gorro del niño. La prueba está mal secada en la parte de abajo. Los puntitos visibles en el blanco del papel se deben a irregularidades en el barniz.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
La composición asimétrica atrae la atención hacia la parte izquierda de la estampa y el primer plano, lo único que ha sido grabado. Se concentra aquí la actividad del momento, los preparativos de la matanza de una marrana.
La mirada tropieza a la derecha con un gran espacio vacío, delimitado por una línea horizontal abajo y por la diagonal de la izquierda. El animal, por su posición en primer plano y el elaborado tratamiento de su representación que contrasta con el resto de un grabado sobriamente esbozado, es sin lugar a dudas el objeto principal de la escena. Está tendido en el suelo, inmóvil, con las patas atadas y el ojo entrecerrado. Los personajes se escalonan a la izquierda. El padre prepara el material: lleva un cesto bajo el brazo, y sostiene en una mano el hacha que servirá para matar a la marrana y en la otra una palanca destinada a colgar el animal sacrificado. A su lado se alza el saladero ya montado. La mujer y tres hijos asisten a la escena. Sólo los dos más jóvenes contemplan a la cerda; uno ríe, y el otro hace ademán de tocarla. El tercero sujeta una vejiga hinchada, emblema de la muerte en la Holanda del siglo XVII. No mira a la bestia sino al vacío, de igual modo que la madre vuelve la mirada hacia el exterior.
A causa de la estructura misma de la composición, el estadio en el que se ha interrumpido la ejecución de los diferentes motivos y la actitud de los personajes, Rembrandt crea en esta imagen un ambiente extraño, ambiguo. En Holanda la "fiesta del cerdo", que formaba parte del ciclo de los trabajos de cada mes, se celebraba en noviembre. Las provisiones obtenidas permitían que las familias campesinas se alimentasen durante todo el año. No obstante, el artista va mucho más allá de la típica escena rural. La dualidad entre la vida y la muerte, como entre lo vacío y lo lleno, el carácter efímero de la existencia, la muerte inmediata y dilatada, sugeridos alternativamente por la concreción del animal y la imprecisión de las figuras humanas, constituyen el auténtico tema de la estampa. Rembrandt representa deliberadamente a la bestia antes de la matanza, mientras que los artistas holandeses contemporáneos la mostraban en pleno sacrificio. Van Ostade también parece sentirse incómodo cuando revive esta escena, y disimula el acto del degüello detrás del lugareño inclinado que lo perpetra. Cornelis Dusart es menos discreto; pero en ambos casos, la representación es de orden narrativo.
Uno de los historiadores de Rembrandt en el siglo XIX, Charles Blanc, que frecuentaba el departamento de Estampas de la Bibliothèque nationale de France, escribe: « Estaba un día en el Cabinet des Estampes de la Bibliothèque, examinando esta bella pieza sobre el escritorio del conservador, cuando entró un ilustre grabador, Henriquel Dupont y, al reparar en el sorprendente grabado, se acercó, lo observó largo rato y al fin me dijo: “¡Este Rembrandt es el mago de nuestro arte!” » .
En el Louvre se conservan dos estudios de cerdos sacados del natural, y en el British Museum otros dos. A juzgar por el estilo, cabe afirmar que el dibujo del Louvre es anterior al grabado; podría datar aproximadamente de 1640. En el inventario de los bienes del artista se consigna asimismo un cuadro representando a un cerdo (nº 16).
G. L.
 
 
 
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