El flautista o El pícaro («Eulenspiegel")
Firmada y fechada en la parte inferior, hacia la derecha desde el 2º estado: Rembrandt f. 1642 (el 2 invertido)
Aguafuerte y punta seca. 116 x 143 mm
4 estados
4º estado
La diferencia más evidente con respecto al estado anterior es que ha bruñido y reemplazado por sombras el rostro que aparecía a la derecha, entre los árboles. Ha regrabado la esquina inferior izquierda, eliminando las plantas anteriores y sustituyéndolas por dos hojas. Ha reforzado las sombras del lateral izquierdo de la imagen y armonizado más el color al hacer desaparecer la masa negra de la punta seca sobre el sombrero de la chica, que no tenía sentido.
BNE, Invent / 29190
Esta escena bucólica de una joven y un pastor a orillas de un río es muy poco frecuente en la obra de Rembrandt. Sólo pueden tener relación con ella las pequeñas estampas El viejo dormido, El campesino y su familia de 1644 y el Retrato de Saskia como Flora con traje de pastora. Desde el siglo XVIII se la conoce también como El espejo del búho.
Todos los autores ponen en relación este grabado con el gusto por la poesía pastoril en la Holanda de aquella época. White señala la coincidencia de su realización con la llegada a casa de Rembrandt de Hendrickje Stoffels, que fue amante del pintor hasta su muerte, para ocuparse de su hijo Titus. ¿Sería esta estampa la plasmación del deseo subconsciente del artista de escapar de la realidad a un paisaje idílico y una relación erótico-inocente? Alison Kettering analizó el significado de cada uno de los objetos que aparecen en la imagen: la flauta travesera que toca el pastor, y que apunta directamente bajo las faldas de la muchacha, tiene un claro sentido fálico; la corona de flores que ella teje ajena a la lasciva mirada del flautista es el tocado habitual de las novias el día de su boda, como símbolo de virginidad; la bolsita para el dinero que hay a sus pies puede aludir al comercio carnal, así como la descuidada postura de sus piernas; los carneros que Rembrandt ha grabado en lugar de las ovejas habituales en este tipo de escenas constituyen un símbolo de lujuria y, por último, el búho posado en el hombro del muchacho alude a la locura y el pecado. La cabeza que se ve entre las ramas del árbol en los primeros estados de la plancha sigue siendo un misterio pues, al no mirar hacia los protagonistas de la escena, no puede ser un voyeur, ni tampoco parece un fauno; quizá sea un resto de una composición anterior, que Rembrandt abandonó y que dejó ahí por puro juego.
A diferencia de las idílicas imágenes pastorales ideadas por los artistas y cantadas por los literatos holandeses de su tiempo, que traslucen un suave y velado erotismo, Rembrandt se vuelve hacia las crudas escenas de voyeurismo de las estampas alemanas del siglo XVI. El pastor, probablemente inspirado en un grabado según una composición de Tiziano, tiene un rostro feo y desagradable, y su actitud crea una sensación de intranquilidad en el espectador, que teme por la inocencia de la pastorcilla. De nuevo el artista ha transformado una imagen aceptada y codificada dándole un giro personal, mucho más asentado en la realidad.
Rembrandt hizo varios cambios en la plancha, apreciables en tres estados sucesivos muy próximos en el tiempo (el papel que utilizó en las estampaciones es el mismo), intentando sobre todo que el sombrero de la muchacha se diferenciara de la masa arbórea que tiene detrás. En el cuarto estado elimina la cabeza masculina que asomaba entre los árboles y cuyo papel en la escena no se entiende, corrige el defecto de la esquina inferior derecha de la plancha y simplifica la vegetación de la izquierda, probablemente para que no distraiga la atención del espectador y que su mirada suba y se concentre en las dos figuras principales.
E. S. P.