Retrato de Jan Six
Firmada y fechada en el borde inferior desde el 2º estado: Rembrandt f. 1647, el 6 y el 4 invertidos
Aguafuerte, punta seca y buril. 241 x 181 mm
4 estados
1er estado
Estampa muy rara; es una prueba de estado. Sólo se conocen este ejemplar y el del Rijksmuseum de Amsterdam. Antes de la firma y la fecha. Detrás del brazo izquierdo de Six se ve el zócalo de la ventana, y la parte de arriba de ésta ha sido sombreada. El segundo estado tiene muy pocas variaciones: retoca ligeramente la cara y el pelo con punta seca y define la nariz con finos trazos de buril; desaparece el zócalo y aclara el sombreado de la ventana y la mesa. En el tercero retoca la cara y el pelo con buril. En el cuarto añade la inscripción: JAN SIX AE 29 y corrige la inversión del 6 y el 4 de la fecha.
Papel china.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
Ésta es, junto con La estampa de los cien florines, la obra grabada de Rembrandt más famosa y más apreciada. En un documento de 1655 se la valoró ya en cuatrocientos florines, y por este rarísimo ejemplar del primer estado estampado sobre papel china de la BNF se pagaron ochocientas sesenta y cuatro libras en 1755. Desde que fue conocida causó la admiración de los entendidos y provocó el deseo de los grandes coleccionistas de grabados.
La estampa lo dice todo sobre el personaje: es un joven de aspecto frágil y elegante, se ha despojado de su espada de parada, que ha dejado sobre una silla, y lee ensimismado un manuscrito junto a la ventana en la tranquilidad de su estudio y rodeado de sus objetos más preciados, sus libros y sus pinturas. Rembrandt ha conseguido plasmar sobre el papel a base de infinitas rayas, la mayoría apenas visibles por su finura, el ambiente en penumbra de la habitación donde brillan, sin romper la magia del conjunto, los objetos que proporcionan las claves para conocer al personaje. Parece que se respira el silencio que lo envuelve. La luz entra por la ventana e ilumina su rubia cabeza y, pasando por encima, el manuscrito que lee. Es casi increíble cómo Rembrandt ha conseguido modelar cada fragmento de la imagen y darle corporeidad desde el primer estado de la plancha. Utilizó sobre todo el aguafuerte y el buril, con un control absoluto de la mordida del ácido y de la sutileza del rayado del buril sobre la plancha, y sólo para reforzar algunas zonas emplea la punta seca, perfectamente integrada con las otras técnicas, demostrando un dominio del oficio pocas veces igualado. De los negros sacó los blancos, como se hará después con la técnica llamada manera negra o mezzo-tinta, que Rembrandt llegó a conocer pero nunca utilizó y, de este modo y aprovechando los recursos del grabado, llevó a cabo una de las obras más fascinantes de la historia de este Arte, con mayúscula.
Este ejemplar del primer estado de la plancha estampado sobre papel china que conserva la Bibliothéque nationale de France es excepcional. Las formas de cada objeto, incluso la imagen del tríptico colgado en la pared del fondo y el sombrero y el puñal que cuelgan en la parte alta, a la izquierda de la ventana, se transparentan en la penumbra de la estancia. El brillo del metal de la espada, la calidad del papel del libro abierto y del pergamino de la encuadernación del que hay debajo o el paño a rayas bajo la ventana están representados con una maestría que parece imposible de alcanzar; pero, sobre todo, la atmósfera penumbrosa de la habitación y la luz que entra por la ventana, iluminando la cabeza del personaje, hacen que esta estampa sea considerada una de las cumbres de la historia del grabado.
Se conserva un primer dibujo en el que Six, en una actitud más desenfadada, mira de frente apoyado en la ventana mientras su perro quiere que juegue con él. En un segundo apunte fragmentario ya aparece leyendo y el tercero fue pasado a la plancha. Los dos dibujos completos se conservan, junto a la plancha, en la Colección Six de los descendientes de éste en Amsterdam.
Probablemente fue el mismo Six quien decidió cómo quería presentarse ante la sociedad y dar constancia de sus intereses. Miembro de una rica familia de empresarios y comerciantes de tejidos, dejó los negocios, especializándose como abogado en causas matrimoniales, y llegó a ser burgomaestre de Amsterdam en 1691; pero su pasión era la literatura, en particular la poesía, y las obras de arte, de las que llegó a tener una buena colección, de ahí sus intereses comunes con Rembrandt, del que tenía todas las estampas. Él se consideraba un intelectual y así quiso ser representado.
Rembrandt conoció a Six probablemente cuando pintó un retrato de su madre en 1641 y la amistad continuó a lo largo de los años, como atestiguan los dibujos que el artista hizo para el album amicorum de Six, la ilustración para su tragedia Medea y el espléndido retrato al óleo que pintó en 1654.
E. S. P.
 
 
 
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