Retrato de Lieven Willemsz van Coppenol
Ca. 1658
Aguafuerte, punta seca y buril. 259 x 190 mm
6 estados
4º estado
Graba un tríptico con una Crucifixión en la parte superior derecha, sustituyendo una forma circular oscura que había antes.
BNF, Estampes, Rés. Cb-13a
Desarreglos mentales llevaron a Lieven van Coppenol (1548-después de 1667) a abandonar la Escuela Francesa de Amsterdam, que dirigía, y dedicarse a recorrer el país enseñando sus muestras de caligrafía, lo que se había convertido en una verdadera manía, al igual que hacerse retratar y pedir a los poetas más conocidos que escribieran sonetos en su honor, que más tarde él reproducía con esmerada caligrafía al pie de sus retratos.
Rembrandt grabó dos retratos de Coppenol, éste en el que aparece con su nieto y que se suele llamar el Coppenol "pequeño" y otro denominado "el grande", que es el retrato de mayor tamaño que grabó el artista a lo largo de su vida y para el cual había hecho un boceto preparatorio al óleo casi de las mismas dimensiones. El Coppenol "grande", de composición muy sobria y elegante, representa al calígrafo mostrando al espectador sus herramientas de trabajo, el papel y la pluma de ave, muy destacados por un foco de luz. El único adorno que se observa en la estampa son unos sencillos cortinajes que le sirven de fondo, pero su gran formato, la delicadeza del modelado del rostro y la intensidad de la mirada hacen de este retrato una importante obra de arte.
El Coppenol "pequeño" no tiene firma ni fecha, pero se ha datado hacia 1658 teniendo en cuenta la edad de su nieto, Antonius, que aparece detrás de él. Las distintas pruebas de estado que se exhiben permiten hacer un seguimiento del trabajo de Rembrandt sobre la plancha, donde experimenta en torno a la composición y la iluminación con la misma libertad que lo haría sobre el papel.
En el primer estado ya había definido toda la imagen, al calígrafo sentado de medio lado en una silla, ante su mesa y frente a una ventana medio tapada por una cortina con visera que, por una parte, le permite regular la luz natural y, por otra, recoge el humo de una vela que hay tras el atril. Gira la cabeza (no muy bien articulada y demasiado grande respecto del cuerpo) para mirar al espectador que entra en su estudio. Su nieto, en representación de sus discípulos y como alusión a su oficio de maestro, mira sobre su hombro el óvalo que ha empezado a dibujar sobre el papel. La luz incide en los puntos más significativos: la frente de los personajes, en la que reside la inteligencia, y las manos que escriben sobre el papel, que lo identifican como calígrafo.
A partir del tercer estado, Rembrandt va introduciendo cambios en la pared del fondo para enriquecer la imagen sin restar protagonismo a la figura principal. En este estado cuelga junto a la ventana, justo encima de la mano derecha que sostiene la pluma, un juego de escuadras y un compás, instrumentos también fundamentales para un calígrafo. La luz que procede de la parte superior de la ventana y de detrás de la cortina, que la tapa casi por completo, es bastante tenue y uniforme, de manera que los rostros apenas destacan; toda la luz se concentra en las manos del calígrafo.
El artista aún consideraba el fondo excesivamente pobre y en el cuarto estado bruñe una forma oval oscura que había sobre la cabeza del nieto e introduce, con punta seca, un gran tríptico pintado, como había hecho en el retrato de su amigo el boticario y coleccionista de arte Abraham Francen. Esto hace que las figuras se separen de la pared y avancen hacia el primer plano, a lo que contribuye también la luz, que entra por la ventana con más fuerza que antes, y el hecho de que se haya perdido el negro de la punta seca; las manos, que estaban grabadas muy superficialmente, se desdibujan y cobra mayor protagonismo la cara de Coppenol, que Rembrandt ha tenido que retocar al grabar el tríptico del fondo.
No obstante, el tríptico tiene el inconveniente de que atrae demasiado la atención del espectador, restando protagonismo a los personajes, por lo que en el quinto estado borra las imágenes, que al parecer representaban el Nacimiento, la Crucifixión y la Resurrección de Jesús, y deja sólo la forma del marco. Las manos vuelven a retomar el protagonismo al haber atenuado la luz de la cara. Retoca el rostro del niño, cambiándole las facciones. La punta seca ha desaparecido casi por completo.
En el sexto estado, Rembrandt bruñe totalmente la pintura y vuelve a introducir la forma oval que había en la pared, pero todavía quedan rastros del tríptico. Aunque la imagen se parece a la del tercer estado, toda la parte de la derecha tiene menos matices de claroscuro. Vuelve a concentrar la luz que procede de la vela en las manos del retratado.
E. S. P.
 
 
 
Esta imagen está disponible en el Banco de imágenes.
Usted puede encargar una reproducción.
Al pagar en línea, usted se beneficia del servicio rápido.
Añada la imagen a su cesta.
 
encargar